
PERDÓN
Cuando me presenten al más idiota de los hombres
–momento que presiento no muy lejano–
le miraré con mis mejores ojos de Clint Eastwood
y le diré con voz pausada al más puro estilo Constantino Romero:
"Muchacho, no hace falta que te esfuerces más.
El premio Guiness al más tonto es mío."
Sí.
¡Qué pena haberme dado cuenta tan tarde!
¡Qué pena no haber sabido ver antes por tus pupilas de sirena!
¡Qué pena haberme precipitado así!
No haber esperado a serenarme… ¡Ay!
En esa canción que nunca haré, te decía que venía a ti herido de matar,
que no entendía qué carambola del destino era esa que te ponía en mi camino,
porque, de corazón, yo no creía merecer tanta suerte, ni por asomo,
pero aún así, ya ves, Venus me otorgó su bendición y me concedió bailar contigo.
A veces imagino que me encuentro a Javi por el barrio
y me pregunta: “Bueno, ¿y qué pasó con vosotros?”
Se me han ocurrido varias respuestas:
los paseos en solitario por La Prospe dan para mucho.
Pero vamos, que todas se reducen a una:
“Que vino Dios a verme y yo no me cosqué.”
Por eso sé que a gilipollas no me gana nadie,
quizá sólo yo mismo, que hasta tres veces (se dice pronto) cometí el mismo error contigo
por culpa de sentirme un asesino de corazones,
un devorador de mujeres
cuya carencia era un agujero negro
que succionaba amor tras amor
y que aún así no llenaba su vacío,
un devorador de quimeras
que dudaba hasta de su propia sombra
y al que ya podían querer, ya,
que siempre, siempre le iba a faltar un abrazo.
Le iba, sí, eso es, le iba, en pasado.
Si algo he sacado en claro en este naufragio y de este duelo, es que
–por lo que a mí respecta– esto no me vuelve a suceder.
Desde ya, compromiso y yo estamos comprometidos de por vida.
La próxima diosa que Venus me brinde se va a llevar el premio, lo sé,
porque el más trasto de los hombres, que soy yo, ha aprendido
y ha decidido que ya está bien, joder,
que de ahora en adelante tanto dolor, tanto desastre, tantas lágrimas,
–en lo que en mi mano esté– no van a repetirse,
porque no hay derecho a que tanto, tanto, tantísimo amor
se esfume así como así por falta de fe, de coraje, de entrega y de amor
por mi parte.
Ya no derribo más ángeles.










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