lunes 2 de enero de 2012

Viejo sueño de año nuevo



Por favor, no lo llaméis apego: es amor

Hoy he vuelto a soñar contigo. Estábamos en el campo, en una sierra con mucho verde. Tú estabas de acampada con tus amigos y yo había ido a hacerte una visita. Hacía un día espléndido y la temperatura era primaveral, muy agradable. La escena transcurre en lo alto de un risco de rocas desnudas de tonos ocre y arcilla que forma una curiosa torreta construida caprichosamente por la mano de la Naturaleza. Sobre el suelo de aquel refugio, hay esparcidas algunas colchonetas.

Yo estoy sentado allí con tus amigos. Tú llegas. Te sorprendes al verme. Llevas un vestido amarillo de fiesta que deja tus hombros al descubierto y realza la belleza de tus pechos. Estás guapísima, radiante, con el pelo suelto y los ojos alegres, contentísima de verme. Nos abrazamos y empezamos a besarnos. Al poco nuestros cuerpos ruedan sobre las colchonetas hechos una madeja. Tus amigos, discretamente, se han marchado. Mientras nos besamos, veo que en una praderita, en la parte de abajo del risco, están L e I besándose también. Tú llevas una falda negra y mi mano se cuela por ella. Te beso, te beso, te beso, mi mano en tu nuca, te beso, nos besamos, mis dedos enredados en tus cabellos, tan suaves, tú tan entregada y fogosa como siempre… Nos besamos…

Al despertarme, la sensación de estar pegado a tu cuerpo era aún tan real… Pero no estabas, ni estarás. Me he puesto triste. Me he levantado como si me levantara del lecho común y tú estuvieras aún allí tendida, mi invisible y cálida bella durmiente. Al mirarme en el espejo del baño me he dado ánimos, me he recordado a mí mismo el rito que justo ayer hice para soltarte, para dejarte atrás. Y una voz en mi interior ha dicho: “¡Que bueno haber amado así! ¿No te parece, Fede? ¿No ha sido un regalo de la vida este amor aunque ya se haya acabado?” ¡Qué voz tan lúcida! Gracias, seas quien seas quien me has hablado así.

Anoche le decía a una amiga chateando por el Facebook que volvería una y mil veces más contigo, que lo nuestro no funcionaba como a mí me hubiera gustado, o como yo soñaba, pero que ahora pienso que precisamente por culpa de ese sueño te perdí, y me perdí la oportunidad de amar de forma más incondicional, sin tantos peros. Por anhelar cumplir un sueño, me perdí la realidad que ya vivía, que ya vivíamos, que ya era nuestra.

Ojalá que un día podamos volver a danzar como aquella primera vez.

Ahora todo es añorarte. Por más que me repita a mí mismo una y otra vez que ya está, no le des más vueltas, Fede, ya lo has intentado todo… Por más que entienda con la cabeza que tú no vas a volver porque sentiste traicionada tu confianza, que estás ya en otra fase, que ya no me echas de menos, aun así, ya ves, mi corazón y mi cuerpo se alían para boicotear mi propósito de olvidarte. Hay en mí un absurda fuerza empeñada en no querer olvidarte. ¿Por qué? ¿Qué lección debo aprender de todo esto?

Quizá que gracias a ti, a haberte conocido, a haber sido amado tan incondicionalmente por ti, ahora sé que hay una forma de amar que ojalá pueda y sepa poner en práctica con alguien en el futuro. Hoy quisiera que ese alguien fueras tú. Y quisiera que ese alguien en el futuro también fueras tú. Pero sé que este loco anhelo es fruto de un apego, de un deseo que no suelto. Tras él, está el amor de verdad, la luz que quedará cuando esta oscuridad se haya ido, cuando sea capaz de mirar a tu recuerdo a los ojos sin dolor, sin ego, sin más ilusiones ni fantasías, con agradecimiento puro por todo lo compartido.

Ojalá que un día volvamos a danzar como aquella primera vez. Adoraría volver a vivir aquel milagro de armonía. Contigo.

Hoy por hoy, por más que racionalice, sé que orgánicamente no voy a dejar de amarte de la noche a la mañana. Necesito tiempo. Sanar esta herida, que quiero creer tú ya estás sanando, es cuestión de tiempo, de vivencias, de vivir la vida, de vaciar el corazón del dolor que deja este desamor para que el pájaro feliz de un nuevo amor pueda posarse en él, quizá hasta anidar.

La canción de Insensatez va por mí, que cometí la insensatez de dejarte. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Ojalá el sueño fuera la realidad y la realidad, un sueño del que despertara una mañana a tu lado, aliviado y dichoso de saber que nunca te dejé, que aquella insensatez no fue sino una horrible pesadilla.

¡Ay!

Tan insensato como querer volver es escribirte aquí. Lo sé y te pido disculpas por ello. Sin embargo, espero que entiendas que para mí es una terapia, una forma de sacarme de dentro la espina y arrojarla afuera, lejos, aunque sangre por la herida. Sanará. Es cuestión de tiempo.