martes 3 de enero de 2012

Un poema ginesíaco*



UNA SUBLIMACIÓN DE LO SENCILLO

Donde pongo el ojo pongo el alma.

Pinto un pedazo de aire en un cuadro,
le echo un órdago al vacío,
me cambio por otro.

Todo vale
con tal de darle cuerda
al corazón de luto porque se le murió la confianza.

Me jaleo en el espejo,
me tomo un vino,
bailo un break-chotis,
hago el pino invertido.

Todo vale.

El caso es darle brío al cuerpo,
sacarle brillo al momento,
y provocar al provenir, para que no se afantasme.

Y te regalo el poema.

Yo soy así: rico de aire,
millonario en preguntas,
generoso de ocurrencias,
pudiente en sueños
–porque sueña el que puede,
eh, no el que quiere.

Tengo tanto amor para dar...

En fin, soy la monda,
lo último en versos libres,
aunque lo mío es ir a contra-moda.

Por eso no me vendo, me comparto.

Pero no etiquetemos el placer,
¡desaprendamos!

Yo desaprendo con facilidad;
de sufrir, por ejemplo, me olvido en un amén.

Vivo buscando el mar,
soy fiel a la felicidad
y tengo deseos a raudales:
a mí, a niño y a Quijote no me gana nadie.

Arrullémonos como palomas en clave de ti,
mi bella Dulcinea del Torrezno,
y que nos parta un rayo de sol
la última luna que nos asombra el corazón.

Si me invitas a cenar caldo de gallina de la paz,
por la mañana te prometo resucitar a tu lado despacito,
sin prisa por morirme de nuevo entre tus brazos.

¿Qué? Si quieres, te lo pregunto.

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* Ginesíaco es un gentilicio que me he inventado. Procede de Ginés, en este caso concreto de D. Ginés Liébana, genio del arte y del arte de vivir con quien tuve la suerte de compartir gloriosas tardes-noches de risa, poesía, más risa, lentejas, tertuliacas rimbombantes y surrealismos varios cuando era más joven y tenía novias con cuerpo de huracán flambeado. La acuarela del ángel es obra de Ginés.