De improviso
La gracia está en improvisar
y en permitir que la vida sea lo que es,
una sorpresa constante, incansable, desbordante,
una vorágine imparable que está por encima y más allá incluso
de la más pretenciosa y egoica de nuestras expectativas.
Descartemos responsabilidades inventadas, por favor.
Yo no veo abismo alguno en esta atracción,
sólo atracción, pura vida gustándose.
Que planifiquen los gobiernos,
yo prefiero coescribir el guión de la vida con la vida,
no codo a codo, sino juntos, desnudos, en la cama o donde sea, piel con piel,
amándonos en presente de indicativo y en primera persona del plural, por supuesto.
Ya no hay lugar en mi novela para decirle a la vida lo que tiene que ser,
qué disparate.
El final más feliz es la felicidad sin fin,
o sea, fluir sin ponerle peros al río
–para el caso que nos va a hacer. ¡Ja!
Me encanta cuando la vida me brinda estas dádivas,
cuando pasa como una riada sin pedir permiso
y al mismo tiempo con elegancia –ooole ese respeto.
¡Qué cuca! No se lleva los muebles por delante,
pero le levanta la falda a la rutina –¡hala, venga alegría!–
y te echa a volar el alma y las ilusiones –¡vamos, vamos, vamos!–,
poniéndote a soñar un nuevo escándalo, ja, ja, ja,
deseo y afecto todo en uno, juntorevuelto,
y sin papel de regalo, ¿para qué?
A ti no hace falta adornarte más,
aunque no te dé tiempo a remaquillarte.
A mí me has gustado tal cual te he visto.
De hecho, ya te lo he dicho: ya te había visto.
La intuición fallará, no digo yo que no,
pero cuando acierta, qué gusto, hmmm.
Buenas noches, Campanilla.
Hasta el próximo flechazo.
Y sea lo que sea,
al Cielo le pido, please,
que actúe con clemencia y nos pille de improviso.










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