lunes, 3 de septiembre de 2007

El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher



Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso.

Cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenía la mala costumbre de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas...

Ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección. Su entusiasmo era tal que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nada fácil.

Un día, Julieta se enfrentó a su marido.
- Creo que amas más a tu armadura de lo que me amas a mí.
- Eso no es verdad -respondió el caballero-. ¿Acaso no te amé lo suficiente como para rescatarte de aquel dragón e instalarte en este elegante castillo con paredes empedradas?
- Lo que tú amabas (...) era la idea de rescatarme.

Amaba su armadura porque les mostraba a todos quién era él: un caballero bueno, generoso y amoroso.

Estoy atrapado en esta armadura -vociferó...

El caballero no sintió nada. (...) De hecho, ahora que lo pensaba, su armadura no le dejaba sentir apenas nada, y la había llevado durante tanto tiempo que había olvidado cómo se sentían las cosas sin ella.

- No es mi culpa si estoy atrapado en esta armadura. Tenía que llevarla para estar siempre listo para la batalla. ¿De qué otra manera, si no, hubiera podido comprar bonitos castillos para ti y para Cristóbal?
- No lo hacías por nosotros -argumentó Julieta-. ¡Lo hacías por ti!

Tenía que quitarse la armadura, pero no sabía cómo.

EL BUFÓN BOLSALEGRE
- Otra canción cantarías si fueras tú el que estuviera atrapado aquí -gruñó el caballero.
Bolsalegre continuó:
- A todos alguna armadura nos tiene atrapados. Sólo que la vuestra ya la habéis encontrado.

Cuando el alumno está preparado, el maestro aparece.

- Cuando la armadura desaparezca y estéis bien, sentiréis el dolor de los otros también.

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El caballero se dio cuenta de que había muchas cosas que no sabía. Siempre había pensado que era muy listo, pero no se sentía tan listo ahora...


EL MAGO MERLÍN
- Os he estado buscando -le dijo al mago-. He estado perdido durante meses.
- Toda la vida -le corrigió Merlín, mordiendo una zanahoria y compartiéndola con el conejo más cercano.
El caballero se enfureció.
- No he venido hasta aquí para ser insultado.
- Quizá siempre os habéis tomado la verdad como un insulto -dijo Merlín.

Una persona no puede correr y aprender a la vez. Debe permanecer en un lugar durante un tiempo.

LA COPA DE VIDA
- Bebed esto -le ordenó.
- ¿Qué es? -preguntó el caballero mirando la copa receloso.
- ¡Estáis tan asustado! -dijo Merlín-. Por supuesto, por eso os pusisteis la armadura desde el principio.

El caballero se encogió de hombros y sorbió el líquido por la caña. Los primeros sorbos le parecieron amargos, los siguientes más agradables, y los últimos tragos fueron bastante deliciosos.
(...)
- ¿Qué es? -preguntó el caballero.
- Vida.
- ¿Vida?
- Sí -dijo el sabio mago-. ¿No os pareció amarga al principio y luego, a medida que la degustábais, no la encontrabais cada vez más apetecible?
El caballero asintió.
- Sí, los últimos sorbos resultaron deliciosos.
- Eso fue cuando empezasteis a aceptar lo que estabais bebiendo.
- ¿Estáis diciendo que la vida es buena cuando uno la acepta? -preguntó el caballero.
- ¿Acaso no es así? -replicó Merlín, levantando una ceja divertido.
- ¿Esperáis que acepte toda esta pesada armadura?
- ¡Ah! -dijo Merlín-, no nacisteis con esa armadura. Os la pusisteis vos mismo. ¿Os habéis preguntado por qué?


- Pasado, presente y futuro son uno cuando estás conectado a la Fuente -replicó Merlín.
- ¿Qué es la fuente? -preguntó el caballero.
- El poder misterioso e invisible que es el origen de todo.
- No entiendo -dijo el caballero.
- Eso se debe a que intentáis comprender con la mente, pero vuestra mente es limitada.
- Tengo una mente muy buena -le rebatió el caballero.
- E inteligente -añadió Merlín-. Ella te atrapó en esa armadura.


- ¿Y quién os dijo que teníais que ir a la batalla?
- Tenía que demostrar que era un caballero bueno, generoso y amoroso.
- Si realmente erais bueno, generoso y amoroso, ¿por qué teníais que demostrarlo? -preguntó Merlín.

ARDILLA
- ¡Oh, perdona! -dijo el caballero, moviendo rápidamente la pierna para que la ardilla pudiera recuperar su cola-. Espero no haberte hecho daño. No veo muy bien con esta visera en mi camino.
- No lo dudo -replicó la ardilla sin ningún resentimiento en la voz-. Por eso siempre estáis pidiendo disculpas a la gente por haberles hecho daño.
(...)
De repente, sorprendido, balbuceó:
- ¡Eh,... tú y yo estamos hablando!
(...)
- Pero si los animales no pueden hablar -dijo el caballero.
- Oh, claro que pueden -dijo la ardilla-. Lo que sucede es que la gente no escucha.

- Admiro vuestra mente inquisitiva -comentó la ardilla-, pero ¿nunca aceptais nada tal como es, simplemente porque es?

- Merlín -dijo-. Tengo que salir de aquí. He empezado a hablar con ardillas.
- Espléndido -replicó el mago.
El caballero le miró preocupado.
- ¿Cómo que espléndido? ¿Qué queréis decir?
- Simplemente eso. Os estáis volviendo lo suficientemente sensible como para sentir las vibraciones de otros.

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Un don, para ser un don, debe ser aceptado. De no ser así es como una carga para las personas.

Ya no le parecía que luchar pudiera tener sentido.

- ¿Por qué molestarme? -preguntó el caballero ásperamente-. A Julieta y a Cristóbal les da igual si me la quito o no.
- Hacedlo por vos mismo -sugirió Merlín.
(...)
- Tenéis razón. Tengo que liberarme de esta armadura por mí mismo.

La gente no suele apercibirse del sendero por el que transita.


EL SENDERO DE LA VERDAD
- Parece una escalada difícil -observó el caballero.
- Ese -dijo Merlín asintiendo- es el Sendero de la Verdad. Se vuelve más empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña.

En estos momentos no estáis capacitado para rescatar a ninguna [princesa]. Tenéis que aprender a salvaros vos primero.

El primer castillo se llama Silencio, el segundo Conocimiento y el tercero Voluntad y Osadía. Una vez hayáis entrado en ellos, encontraréis la salida sólo cuando hayáis aprendido lo que habéis ido a aprender.

Era demasiado orgulloso para preguntar...

Cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones.

Los animales aceptan y los humanos esperan. Nunca oiréis a un conejo decir: "Espero que el sol salga esta mañana para poder ir al lago a jugar." Si el sol no sale, no le estropeará el día al conejo. Es feliz siendo un conejo.

Nos encontraremos al otro lado.

EL CASTILLO DEL SILENCIO
- Uno no puede ver realmente hasta que comprende -dijo el rey-. Cuando comprendáis lo que hay en esta habitación, podreís ver la puerta que conduce a la siguiente.

- La mayoría de la gente está atrapada en su armadura -declaró el rey.
- ¿Qué queréis decir? -preguntó el caballero.
- Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir.
- Nunca pensé que vos estuvierais atrapado, rey. Sois tan sabio... -dijo el caballero.
El rey soltó una carcajada.
- Soy lo suficientemente sabio como para saber cuándo estoy atrapado, y también para regresar aquí para aprender más de mí mismo.

- Permanecer en silencio es algo más que no hablar -dijo el rey-. Descubrí que cuando estaba con alguien mostraba sólo mi mejor imagen.

- Uno debe estar solo para poder dejar caer su armadura.

- Uno nunca acaba de viajar por el Sendero de la Verdad.

[Las siete verdades que descubre el caballero en el Castillo del Silencio:]
1.- Tenía miedo de estar solo.
2.- Había hablado tanto durante toda su vida para evitar sentirse solo.
3.- Siempre he tenido miedo de estar solo.
4.- Durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento.
5.- Durante la mayor parte de su vida no había escuchado realmente a nadie ni a nada.
6.- Su propio dolor y su soledad afloraron. Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también.
7.- La voz parecía venir de dentro de sí mismo. "Soy tu yo verdadero. (...) He estado aquí durante años, pero esta es la primera vez que estás lo suficientemente silencioso como para oírme."

Merlín no dejaba de sorprender al caballero.
- ¿Cómo sabíais lo que quería preguntaros?
- Como me conozco, puedo conoceros. Somos todos parte el uno del otro.

- Uno no debe sentirse orgulloso por ser humano. Tiene tan poco sentido como que Rebeca se sintiera orgullosa por poder volar. Rebeca nació con alas. Vos nacísteis con un corazón y ahora lo estáis utilizando, como es natural.

EL CASTILLO DEL CONOCIMIENTO
El Castillo del Conocimiento fue diseñado por el propio universo: la fuente de todo conocimiento.

El silencio es para uno; el conocimiento es para todos.

El conocimiento es la luz.

Tal vez lo que tengáis que aprender aquí sea que tenéis todo el tiempo del mundo.

No había querido culparse de las cosas que hacía.

A medida que el caballero se daba cuenta de lo injusto que había sido con Julieta, las lágrimas iban cayendo por sus mejillas. Sí, la había necesitado más de lo que la había amado. Deseó haberla necesitado menos y haberla amado más, pero no había sabido cómo hacerlo.

Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago: ¡Había necesitado el amor de Julieta y Cristóbal porque no se amaba a sí mismo! De hecho, había necesitado el amor de todas las damiselas que había rescatado y de toda la gente por la que había luchado en las cruzadas porque no se amaba a sí mismo. El caballero lloró aún más al darse cuenta de que si no se amaba, no podía amar realmente a otros. Su necesidad de ellos se interpondría.

- Habéis descubierto una gran verdad -le dijo el mago al caballero-. Sólo podéis amar a otros en la medida en que os amáis a vos mismo.
- ¿Y cómo hago para empezar a amarme? -preguntó el caballero.
- Ya habéis empezado al saber lo que ahora sabéis -dijo Merlín.
- Sé que soy un tonto -sollozó el caballero.
- No, conocéis la verdad, y la verdad es amor.
Esto consoló al caballero, que dejó de llorar. A medida que sus lágrimas se fueron secando, fue notando la luz que había a su alrededor. Era distinta de cualquier luz que hubiera visto antes. Parecía no venir de ningún lugar y de todos los lugares a la vez.
Merlín hizo eco del pensamiento del caballero:
- No hay nada más hermoso que la luz del conocimiento.

Uno no siempre sabe cuándo pedir ayuda.

EL ESPEJO DE LA VERDAD
- ¿Quién es? -preguntó el caballero.
Ardilla respondió:
- Sois vos.
- Este espejo es un fantasma -dijo el caballero-. Yo no soy así.
- Estáis viendo a vuestro yo verdadero -explicó Sam-, el yo que vive bajo esa armadura.
- Pero -protestó el caballero, contemplándose con atención en el espejo-, ese hombre es un especimen perfecto. Y su rostro está lleno de inocencia y belleza.
- Ese es tu potencial -le respondió Sam-, ser hermoso, inocente y perfecto.
- Si ese es mi potencial -dijo el caballero-, algo terrible me sucedió en el camino.
- Sí -replicó Sam-, pusiste una armadura invisible entre tú y tus verdaderos sentimientos. Ha estado ahí durante tanto tiempo que se ha hecho invisible y permanente
- Quizá sí escondí mis sentimientos -dijo el caballero-. Pero no podía decir simplemente todo lo que me pasaba por la cabeza y hacer todo lo que me apetecía. Nadie me hubiera querido. -El caballero se detuvo al pronunciar estas palabras, pues se dio cuenta de que se había pasado la vida intentando agradar a la gente.

El verdadero Conocimiento no se divide en compartimentos porque todo procede de una única verdad.

EL MANZANO DE LA AMBICIÓN
- Tiene razón -dijo Rebeca-. Este árbol es como nosotras. No tiene ambiciones.
Quizá vos no necesitéis ninguna.
- Eso está bien para los animales y los árboles -dijo el caballero-. Pero, ¿qué sería de una persona si no tuviera ambición?
- Feliz -dijo Sam.

Todo el mundo necesita ayuda para entender a un árbol.

- Los seres humanos tenemos mentes más complicadas [que los animales] que hacen que deseemos ser mejores.
- ¿Mejores que qué? -preguntó Merlín.

- ¿Qué es la ambición del corazón? -le cuestionó el caballero.
- La ambición del corazón es pura. No compite con nadie y no hace daño a nadie. De hecho, le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo.
- ¿Cómo? -preguntó el caballero, esforzándose por comprender.
- Es aquí donde podemos aprender del manzano. Se ha convertido en un árbol hermoso y maduro, que da generosamente sus frutos a todos. Cuantas más manzanas coge la gente -dijo Merlín- más crece el árbol y más hermoso deviene.
Este árbol hace exactamente lo que un manzano debe hacer: desarrollar su potencial para beneficio de todos. Lo mismo sucede con las personas que tienen ambiciones del corazón.

Es necesario separar la necesidad de la codicia.

- Este mundo es más fácil para los árboles que para las personas -dijo el caballero filosóficamente.
- Es una cuestión de percepción -dijo Merlín-. Recibís la misma energía vital que el árbol. Utilizáis la misma agua, el mismo aire y la misma nutrición de la tierra. Os aseguro que si aprendéis del árbol podréis dar frutos y no tardaréis en tener todos los caballos y castillos que deseáis.

A los seres humanos se les dio dos pies para que no tuvieran que permanecer en un mismo lugar, pero si se quedaran quietos más a menudo para poder aceptar y apreciar, en lugar de ir de aquí para allá intentando apoderarse de todo lo que pueden, entenderían verdaderamente lo que es la ambición del corazón.

EL CASTILLO DE LA VOLUNTAD Y LA OSADÍA
Sam intervino.
- ¿Cómo te soportas si no tienes la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tienes de ti mismo?
- ¿Tú también crees que el conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda? -preguntó el caballero.
- Por supuesto. El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: "La verdad es más poderosa que la espada."

- Recordad que el dragón es sólo una ilusión -dijo Rebeca.
- ¿Y el fuego que sale de su boca? ¿Eso también es una ilusión?
- En efecto -respondió Rebeca-. El fuego también era una ilusión.
- Entonces, ¿cómo es que estoy sentado en este arroyo con el trasero quemado? -exigió el caballero.
- Porque vos mismo hicisteis que el fuego fuera real al creer que el dragón era real -explicó Rebeca.

LA CIMA DE LA VERDAD
Aunque este Universo poseo, nada poseo,
pues no puedo conocer lo desconocido, si me aferro a lo conocido.

El caballero reflexionó sobre algunas de las cosas conocidas a las que se había aferrado durante su vida: Estaba su identidad -quién era y quién no era. Estaban sus creencias -aquello que él pensaba que era verdad y lo que consideraba falso.
Y estaban sus juicios -las cosas que tenía por buenas y aquellas que consideraba malas.

¿Quería decir la inscripción que debía soltarse y dejarse caer al abismo de lo desconocido?
- Lo has cogido, caballero -dijo Sam-. Tienes que soltarte.

Déjate ir y confía.

Fue cayendo cada vez más rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente descendía hacia su corazón. Luego, por primera vez en su vida, contempló su existencia con claridad, sin juzgar y sin excusarse. En ese instante, aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenía sobre ella y por los acontecimientos que le habían dado forma.
A partir de ese momento, fuera de sí mismo, nunca más culparía a nadie de todos los errores y desgracias. El reconocimiento de que él era la causa, no el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya no tenía miedo.

¡Empezó a caer hacia arriba!

Se encontró de pie en la cima de la montaña y comprendió el significado de la inscripción de la roca. Había soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y poseído. Su voluntad de abarcar lo desconocido le había liberado.

Una nueva y radiante luz irradiaba de él.

Ahora el caballero era el arroyo. Era la Luna. Era el Sol. Podía ser todas estas cosas a la vez y más, porque era uno con el universo. Era amor.

Libro completo aquí

1 comentarios:

Nemus dijo...

El Caballero de la Armadura Oxidada...Aquel cuya vida había estado repleta de miedos y, hasta que no se vió envuelto en un gran problema, no supo realizar la más duras de las cruzadas....